Ya se calmó un poco la polvareda. La rabia por quedar fuera del Mundial por tercera vez consecutiva de a poco da paso a la resignación. Ahora toca mirar para adelante. Duele, y mucho, pero el fútbol no se detiene.
En medio de este panorama tan gris, la ANFP movió sus fichas. Anunció a Nicolás Córdova como el técnico interino de La Roja. Parece que, por ahora, la solución es mirar hacia adentro. Córdova es un hombre de la casa. Conoce el paño y a los jugadores jóvenes. Su nombramiento se siente como un intento por poner orden.
Además, es un parche necesario antes de buscar al director técnico definitivo para el largo camino hacia el 2030. La tarea no es para nada fácil.
El portazo que remeció a todo un país
Todavía resuena el eco de la derrota en El Alto. Ese 2 a 0 contra Bolivia fue un golpe de nocaut. Nos dejó matemáticamente fuera de carrera el 10 de junio. La altura, como tantas otras veces, fue un enemigo implacable.
La salida de Ricardo Gareca vino casi de inmediato. Él mismo dijo que se iba para “descomprimir esto”. No fue un tema de plata, más bien fue el peso de un fracaso rotundo. Para muchos hinchas, la imagen del “Tigre” se desgastó muy rápido. Le criticaban su aparente pasividad en la banca.
Parecía que los cambios siempre llegaban tarde. El descontento fue generalizado. De hecho, los dardos no solo apuntaron al técnico. También salpicaron al presidente de la ANFP, Pablo Milad, a quien muchos todavía le piden la renuncia. Se habla de una crisis terminal, un sentir que recorre todo el ambiente futbolístico chileno.
Un hombre de la casa para ordenar el gallinero
Entonces, ¿quién es Nicolás Córdova? Los más memoriosos lo recuerdan como un volante mixto con un gran remate. Defendió las camisetas de Colo-Colo y Unión Española. Luego, hizo una larga carrera en Italia.
Como entrenador, su recorrido ha sido bien diverso. Dirigió a Palestino y a Santiago Wanderers, donde levantó la Copa Chile en 2017. También tuvo pasos por el fútbol peruano y de Qatar. Sin embargo, su principal credencial hoy es otra.
Córdova es el actual jefe de las selecciones menores. Ha trabajado con la Sub-20, la Sub-23 y conoce de cerca a la futura generación de La Roja. Por lo tanto, su elección no parece casual. Es una apuesta por alguien que entiende el proceso formativo desde sus cimientos.
La tarea titánica de cerrar con la frente en alto
A Córdova no se le pide el milagro de clasificar. Esa puerta ya se cerró. Su misión es otra, quizás más simbólica pero igual de importante. Debe cerrar con dignidad este proceso eliminatorio. Le tocan dos pruebas de fuego en septiembre.
Primero, recibiremos a Uruguay en Santiago. Luego, tendremos que visitar al poderoso Brasil. Claro está, todos los pronósticos deportivos anticipan resultados muy difíciles para Chile. Aún así, los partidos servirán como un excelente termómetro.
Será la oportunidad para ver caras nuevas. Sobre todo, para probar jugadores que quizás no tuvieron chances en el ciclo anterior. El objetivo es claro. Hay que competir y recuperar algo de la confianza perdida.
Sembrar hoy para cosechar en el 2030
El nombramiento de Córdova, junto a técnicos de la Sub-17 y Sub-15, manda una señal potente. El foco está puesto en el futuro. Los partidos que vienen serán un laboratorio. Allí, el cuerpo técnico interino buscará respuestas a preguntas urgentes.
La idea es aprovechar estos duelos de alta exigencia para adelantar trabajo. El proyecto para el Mundial 2030, en el fondo, empieza ahora. Las metas inmediatas son muy concretas:
- Evaluar jugadores jóvenes en un ambiente de alta competencia.
- Probar nuevas ideas tácticas sin la presión del resultado inmediato.
- Devolver la confianza a un plantel que está golpeado anímicamente.
- Sentar las bases de trabajo para el próximo técnico definitivo.
¿Y después de Córdova qué?
Pablo Milad ya adelantó que el nuevo entrenador titular llegará en enero de 2026. Se busca un perfil muy específico. Felipe Correa, gerente de selecciones, quiere a alguien comprometido con el medio local. Un técnico que vaya a los estadios y que se involucre en el desarrollo del futbolista chileno.
Suenan varios nombres, como es costumbre. Gustavo Álvarez, de gran campaña en la U, parece ser un candidato fuerte. También se mencionan a viejos conocidos como Gustavo Quinteros y hasta a José Néstor Pekerman.
El clamor popular pide un chileno. Sin embargo, la decisión final será parte de una reestructuración más grande que, según la propia ANFP, es absolutamente necesaria.
Una herida que obliga a mirar hacia adelante
Este momento del fútbol chileno es doloroso. Estar en el último lugar de la tabla es un reflejo de muchos problemas acumulados. El propio Milad habló de una falta de “materia prima” desde los clubes. Se critica la poca exportación de jugadores y un campeonato local que no logra despegar.
La llegada de Córdova es solo el primer paso de un camino que será largo y difícil. Exige paciencia, una palabra que al hincha chileno le cuesta digerir. La esperanza es que este nuevo fracaso sirva de una vez por todas.
Que impulse los cambios estructurales que se vienen prometiendo hace años. Solo así La Roja podrá volver a ser ese equipo que nos llenaba de orgullo.